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EL CIELO

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El estado de paz en el Cielo

284. Él que no se ha hallado en la paz del cielo no puede percibir lo que es la paz en la que están los ángeles; tampoco puede el hombre recibir la paz del cielo mientras se halla en el cuerpo, ni puede percibirla, puesto que la percepción del hombre se halla en lo natural; a fin de poderla percibir ha de ser tal que pueda, en cuanto al pensamiento, ser elevado y abducido del cuerpo y así en espíritu estar con los ángeles; puesto que la paz del cielo ha sido así percibida por mí, puedo describirla; sin embargo, no puedo con palabras describirla tal como es en sí misma, puesto que palabras humanas no son adecuadas, sino tan sólo tal como es en comparación con aquella tranquilidad de ánimo que tienen los que están contentos en Dios.

285. Hay dos cosas que son cosas íntimas del cielo, sea la inocencia y la paz. Se dice íntimas, puesto que proceden del Señor. La inocencia es de donde viene todo bien del cielo y la paz es de donde proviene toda delicia del bien. Todo bien tiene su delicia; ambas cosas, tanto el bien cuanto la delicia, pertenecen al amor, porque lo que se ama, se llama bueno y se percibe asimismo como cosa agradable. De ahí sigue que ambas íntimas cosas mencionadas, o sea la inocencia y la paz, salen del amor Divino del Señor, y afecta a los ángeles desde lo más íntimo; que la inocencia es lo más íntimo del bien, puede verse en el artículo próximo precedente, donde se trata del estado de inocencia de los ángeles del cielo; pero que la paz es lo más íntimo de la delicia del bien de la inocencia será ahora explicado.

286. Primero se dirá de donde proviene la paz. La paz Divina está en el Señor, proviniendo de la unión de lo Divino Mismo con lo Divino Humano en Él. Lo Divino de la paz en el cielo viene del Señor, resultando de su unión con los ángeles del cielo y particularmente de la conjunción del bien y de la verdad en cada ángel. Esto es el origen de la paz. Puede por esto constar que la paz en los cielos es lo Divino, que con beatitud e íntimamente afecta a todo bien allí; sea aquello de lo cual viene todo el goce del cielo, y que en su esencia es el gozo Divino del Divino amor del Señor, por Su conjunción con el cielo y con cada uno allí. Este gozo percibido por el Señor en los ángeles y del Señor por los ángeles, es la paz. De ahí, por derivación, tienen los ángeles toda bienaventuranza, alegría y felicidad, es decir lo que se llama el gozo celestial.

287. Puesto que así es el origen de la paz, se llama el Señor "Príncipe de paz," y dice que de Él viene la paz y en Él está la paz; asimismo se llaman los ángeles, ángeles de paz, y el cielo, la morada de la paz, como en los siguientes lugares:

Un niño nos es nacido, hijo nos es dado sobre cuyo hombro estará el principado, y llamará su nombre, Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de paz. El incremento de su imperio y de la paz no tendrá término (Isaías 9: 6, 7)

Jesús dijo, Paz os dejo; mi paz os doy, no como el mundo da, yo os doy (Juan 14: 27).

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz (Juan 14: 33).

Jehová alce a ti su rostro y ponga en ti paz (Números 6: 26).

Los ángeles de paz llorarán amargamente; las calzadas están deshechas (Isaías 33: 7, 8).

La obra de la justicia será paz y mi pueblo habitará en morada de paz (Isaías 32: 17, 18).

Que lo que se entiende en el Verbo por paz es la paz Divina y Celestial puede constar también por estos lugares donde de ella se hace mención (Isaías 52: 7; cap. 54. 10; cap. 59: 8; Jeremías 16: 5; cap. 25: 37; cap. 29: 11; Hageo 2: 9; Zacarías. 8: 12; Salmo 37: 37). Puesto que la "paz" significa el Señor y el cielo, y también el goce celestial y la delicia del bien, por eso los saludos, en tiempos antiguos, eran y también actualmente son, "paz sea con vosotros;" lo cual también confirmó el Señor, diciendo a los discípulos a quienes envió:

En cualquier casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea con esta casa, y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él (Lucas 10: 5, 6).

Y el Señor mismo, al aparecer a los apóstoles, dijo: Paz con vosotros (Juan 20: 19, 21, 26).

El estado de paz se entiende en el Verbo también por el decirse de Jehová, "que ha sentido el olor de reposo" (como en Éxodo 29: 18, 25, 41; Levítico 1: 9, 13, 17; cap. 2: 2, 9; cap. vi. 8, 14; cap. 23: 12, 13, 18; Números 15: 3, 7, 13; cap. 28: 6, 8, 13; cap. 29: 2, 6, 8, 13, 36). Por "Olor de reposo" se significa en el sentido celestial la percepción de paz. Siendo así que la paz significa la unión de lo Divino Mismo con lo Divino-Humano, en el Señor, y la conjunción del Señor con el cielo y con la iglesia, con todos en el cielo y asimismo con todos en la iglesia que reciben a Él, por eso el Sábado fue instituido para recordar estas cosas, dándosele el nombre de reposo o sea paz, y era el símbolo más sagrado en la iglesia. Llamóse por lo mismo el Señor "Señor del sábado" (Mateo 12: 8; Marcos 2: 27, 28; Lucas 6: 5).

288. Puesto que la paz del cielo es lo Divino que con beatitud afecta íntimamente el bien mismo que hay en los ángeles, no viene a su manifiesta percepción sino por el gozo del corazón cuando se hallan en el bien de su vida, y por el placer cuando oyen una verdad que concuerda con su bien, así como por el regocijo de la mente cuando perciben su conjunción; de allí influye, sin embargo, en todos los actos y pensamientos de su vida, en los cuales se presenta como alegría también en forma externa, pero la paz, en cuanto a su calidad y cantidad, varia en los cielos según la inocencia de los que allí están, puesto que la inocencia y la paz andan mano en mano, porque, como queda dicho arriba, de la inocencia proviene todo bien del cielo, y de la paz proviene todo placer de ese bien. Puede por esto ser claro que acerca del estado de paz pueden decirse aquí cosas análogas a las que se han dicho en el artículo anterior acerca del estado de inocencia, siendo así que la inocencia y la paz se unen como el bien y su gozo; porque el bien se percibe mediante su gozo y el gozo se conoce por virtud de su bien. Siendo esto así, es evidente que los ángeles del íntimo, o sea del tercer, cielo se hallan en el tercero, o sea íntimo, grado de paz, puesto que están en el tercero, o sea, íntimo, grado de inocencia, y que los ángeles de los cielos inferiores se hallan en menor grado de paz, puesto que están en menor grado de inocencia (véase arriba, n. 280). Que la inocencia y la paz están juntas como el bien y su placer se puede ver en los niños, los cuales por estar en inocencia también están en paz, y puesto que están en paz se hallan por lo mismo llenos de juego. Pero la paz en los niños es una paz externa, mientras que la paz interna, como asimismo la inocencia interna, no existe sino en la sabiduría, y puesto que existe en la sabiduría, existe en la conjunción del bien con la verdad, porque de allí proviene la sabiduría. Existe paz celestial, o sea angelical, también en los hombres que se hallan en sabiduría, como consecuencia de la conjunción del bien y de la verdad, y que por ello se sienten contentos en Dios; mientras que viven en el mundo se halla, sin embargo, esta paz escondida en su interior, pero se revela cuando se despojan del cuerpo y entran en el cielo, porque entonces se abren los interiores.

289. Puesto que la paz Divina nace de la conjunción del Señor con el cielo, y en cada ángel especialmente de la conjunción del bien con la verdad, por lo mismo los ángeles, cuando se hallan en un estado de amor, se hallan en un estado de paz, porque entonces se une en ellos el bien con la verdad; que el estado de los ángeles cambia alternativamente puede verse arriba (n. 154-160). Lo mismo acontece con el hombre que nace de nuevo, cuando en él se verifica la conjunción del bien con la verdad, lo cual acontece particularmente después de tentaciones; entonces entra en un estado de gozo por la paz celestial. Esta paz es comparativamente como la mañana o la aurora en la primavera, en cuya estación, transcurrida la noche, todas las cosas de la tierra empiezan, con la salida del sol, a vivir de nuevo, esparciéndose, a consecuencia del rocío, un perfume de vegetación descendido del cielo; mediante la temperatura primaveral también da fertilidad a la tierra, al par que causa placer en mentes humanas, y esto porque la mañana o la aurora en la estación de primavera corresponde al estado de paz de los ángeles en el cielo (véase n. 155).

290. He hablado también con los ángeles acerca de la paz y he dicho que en el mundo se entiende por paz, cuando cesan guerras y hostilidades entre reinos, y cuando cesan enemistades y discordias entre hombres, creyéndose que la paz interna es un reposo de ánimo a consecuencia de alejamiento de cuidados, y sobre todo una tranquilidad y bienestar a consecuencia del éxito de los asuntos: pero los ángeles dijeron que el reposo del ánimo, la tranquilidad y el bienestar a causa de alejamiento de cuidados, por más que parezcan pertenecer a la paz, no pertenecen a la paz, mas que en aquellos que se hallan en el bien celestial; siendo así que no hay paz sino en este bien, y que la paz influye del Señor en lo más íntimo de ellos, y desde lo más íntimo desciende e influye en sus cosas inferiores, ocasionando el reposo de la mente, la tranquilidad del ánimo, y el gozo a causa de ellos, pero en aquellos que se hallan en el mal no hay paz; hay apariencia de reposo, de tranquilidad y de bienestar, cuando les va según su deseo, pero es exterior y no interior; porque interiormente arden en enemistades, odios, venganzas, furor y varias malas pasiones, hacia las cuales su ánimo también se inclina tan pronto como ven a alguien que no les favorece, manifestándose cuando no hay temor; y de ahí es que su gozo habita en la locura, pero él de aquellos que se hallan en el bien, habita en sabiduría; la diferencia es como entre el infierno y el cielo.

Elsiguiente capítulo[33] §§ 291—302 La unión del Cielo con la especie humana

El capítulo previo[31] §§ 276—283 El estado de inocencia de los ángeles en el Cielo